Redes Sociales y su desarrollo en el mundo!
Spleen
Estoy cansado y hastiado de ver a la gente inerte, esperando que alguien más haga algo, o suponiendo que las cosas van a arreglarse por sí solas. Fuck a la complacencia, y a la contemplación estúpida cuando hay cosas importantes de las que hacerse cargo o en las que trabajar duro.
Dejemos el existencialismo para otro momento, por favor!
Gracias, Democracia!
Gracias a los hombres y mujeres valientes que reconquistaron la democracia a pulso y con gran esfuerzo y sacrificio personal. Gracias por la democracia que tenemos, mejorable e imperfecta, pero que nos permite a todos opinar con libertad y expresar nuestras ideas sin miedo. Gracias por la enorme reconstrucción de Chile y a los enormes cambios con que el país ha sido beneficiado en los últimos veinte años.
Gracias a esta democracia, los amigos de la derecha chilena pueden hoy opinar, insultar, criticar y mentir a voluntad, sin miedo a que ninguno sea perseguido, detenido, torturado o hecho desaparecer. Hoy podemos disfrutar de una libertad que la derecha chilena nos negó durante mucho tiempo con orgullo, persiguiendo cualquier tipo de disidencia, en defensa de un dictador de poca monta, escasos modales y gusto por lo ajeno.
Con la democracia que ganamos en las urnas, por dos veces, y que luego hemos confirmado año tras año, hoy la derecha tiene por primera vez una oportunidad más o menos real de conquistar el poder, democráticamente, algo novedoso para ellos pero justo y real. Bravo por eso, bravo por la recuperación del Estado de Derecho en Chile.
Hoy es posible investigar los actos reñidos con la legalidad, escrutar en el aparato estatal; medir, cuantificar y criticar los actos públicos y los privados de cualquier persona cercana a los círculos de poder. El Congreso ejerce sus labores de fiscalización y control, mal o bien, pero las ejerce. Tenemos democracia, hemos recuperado las instituciones republicanas. Nadie va preso por ser contrario al gobierno, y la tolerancia permite las libertades de todo tipo, incluso cierto tipo de excesos.
Porque la democracia sirve, entre otras cosas, para que incluso el peor de nosotros pueda hacer y decir lo que quiera sin temor, en tanto no se aparte de la ley y la Constitución. Así, tenemos hoy a uno de los peores chilenos, medido desde la mayoría de las perspectivas humanas, liderando, a contrapelo de sus seguidores, a una derecha que no dudará en hacer cualquier cosa para hacerse del poder, y en vengarse de quienes les quitaron parte de sus privilegios.
A una buena parte de la derecha le averguenza su candidato, pero ello no ha sido obstáculo para cuadrarse detrás de él en el intento de llegar a la moneda, que tan esquiva les ha sido a través de los votos. Las propuestas del candidato de la derecha, no del todo claras ni menos claramente beneficiosas, terminan finalmente leyéndose por los votantes como una especie de ofertón para los más desposeídos, a quienes se insinúa algo así como que mágicamente se les va a subir el sueldo.
El pueblo chileno, medido de la manera que se le mida, es más cercano al centro y a la centro izquierda. Pero, ya sea por los errores propios de la Concertación, la decadencia natural de una coalición que ha cohabitado durante largo tiempo, o simplemente por la idea que se ha instalado de las bondades de un cambio sin contenido ni sustancia, hoy los chilenos están tímidamente atreviéndose al peligro inminente de tener a un soberano multimillonario que ofrece repartir riquezas que han construido otros.
La democracia trae democracia, y gane quien gane esta elección, naturalmente las cosas decantarán y volveremos los chilenos a entender que uno se hace su propia suerte, y que no existen fórmulas mágicas de saltarse etapas, ni personal ni social ni económicamente. La políticas sociales y de asistencia de la Concertación, de las que hoy todos disfrutamos como si siempre las hubiéramos tenido, son las responsables de la sensación de creciente bienestar que permite hoy la subida de la derecha en las encuestas. Vale. La democracia no sabe para quien trabaja y es correcto que así sea.
Gracias democracia, pase lo que pase, y buena suerte para Chile.
Costanera Norte
Es extraño desplazarse en 15 minutos entre un extremo y otro de la ciudad. Es como ir de paso. Todo rápido, te empujan por avanzar en tres pistas, carretera de autos caros, todos ansiosos de llegar a sus casas cálidas y seguras… La autopista funciona, la civilidad no. Buen experimento.
Tremendo emprendimiento armado artesanalmente. Para todos los papás con hijos preescolares, una gran herramienta de apoyo.
127:
La SGAE pretendía hacerle firmar a Pedro un contrato en un doble sentido. Primero reconociendo la deuda de los 5.000 euros (a lo que Pedro se negó, naturalmente) y en segundo asumiendo desde ese momento que su bar es un bar musical y que tiene que pagar 125 euros al mes de aquí en adelante (o sea, que tampoco). Pero Pedro no es tonto. No sólo no firmo ese contrato sino que se fue a Jamendo y firmo con ellos un nuevo contrato que entra en vigor el 1 de agosto. Usar Jamendo es libre, legal e ilimitado. Pero además, el contrato estipula que Pedro pagará a Jamendo la cantidad de 160 euros anuales a cambio de que Jamendo le envíe la música que Pedro quiera en un USB que irá renovando periódicamente, y que por contrato estipula que la mitad de esa recaudación se destinará directamente al artista. O lo que es lo mismo, Jamendo le hace llegar a Pedro en un soporte físico la música libre del estilo que Pedro seleccione. Además expide una certificación por la cual la SGAE no puede reclamar absolutamente nada sobre esa música. Y hasta, si quiere, una pegatina con algo así como “Local libre de SGAE” para poner en la puerta.
Yo Acuso!
La sociedad chilena está estancada, estática, asistiendo a un show político de baja calidad en una carrera presidencial en la que se pretende separar a los chilenos entre los que quieren que la Concertación continúe al mando del país y los que quieren un “cambio” que no tiene sustancia ni contenido alguno. Pero la gente no hace nada; mira con desconsuelo y algo de temor por un lado y otro, esperando que ojalá lo que pase sea lo mejor…
Es cierto que todos (o la gran mayoría) estamos muy decepcionados de la clase política en general, que no sólo deja cada día más al descubierto su ineptitud, sino que además -de derechas y de izquierdas- se aferran a sus puestos como garrapatas para seguir haciendo poco y ganando bastante. Eso no es política y no eso lo que los chilenos queremos de nuestos dirigentes ejecutivos, legislativos, ni menos de nuestros jueces.
Lamentablemente, la gente que sí trabaja y hace bien su pega por regla general no aparece en los medios de comunicación ni obtiene importantes puestos en el gobierno, en el congreso o en el poder judicial. Sostengo que ellos aún hacen mayoría, pero también se encuentran en posición de espectadores anonadados y no en una rebelión contra los otros que entorpecen su trabajo y el desarrollo del país, como sería de esperar.
Los poderes del estado están infiltrados por los grandes actores económicos y financiados los distintos partidos políticos, por cierto, por los mismos, quienen reparten generosas dosis de dinero u otros beneficios a ambos bandos, pues es importante para ellos tener alineados a grupos que puedan conformar mayorías para aprobar tal o cual proyecto de ley, o generar convicción en el ejecutivo para lograr algún resultado importante para sus fines empresariales.
Y nadie parece darse cuenta. Y a nadie parece importarle.
Los medios de comunicación, controlados por la derecha económica empresarial no vacilan en ejercer una especie de terrorismo mediático, informando verdades parciales, confundiendo o simplemente omitiendo las cosas que serían relevantes para la sociedad y muchas veces ciertamente peligrosas para los fines del empresariado, del candidato de la derecha y de otros grupos de poder, incluídos algunos importantes países extranjeros.
Por otro lado, los medios no vacilan en brindar a la gente formas de entretención burdas y alienantes, en las que puedan olvidar o al menos aminorar la dureza de la vida cotidiana que vive la grandísima mayoría de los ciudadanos chilenos. El pan y circo que recibimos todos los días en televisión y periódicos con naturalidad mantiene a los chilenos hipnotizados, atraídos ante fenómenos y situaciones secundarias -cuando no vergonzosas-, cumpliendo excelentemente la misión de aniquilar la crítica, el pensamiento creativo, la disidencia o la molestia y amargura frente a la realidad.
El poder económico empresarial, que en la práctica orienta a nuestros legisladores, se esmera en pautear al ejecutivo e intenta controlar a la justicia, domina además completamente la información que podemos recibir diariamente. Dicho de otro modo, la captura que la derecha ha ido consolidado de todos los medios de ejercicio del poder y la información es casi completa. Y ahora vienen por más.
La iglesia, para variar, hace lo suyo formando legiones de conservadores y odiadores de la diversidad, la pluralidad y la tolerancia. Está en todas partes, y especialmente sobre las cabezas y las consciencias de los dirigentes políticos de derecha y de los grandes conglomerados económicos. Su poder se extiende cada vez más, y asimismo sus ansias de hacer que Chile retroceda en la libertad de culto, de expresión y de libertad que hemos conquistado. La unión entre poder económico extremo e iglesia siempre ha traído resultados desastrosos para los despojados de siempre.
Si el candidato de la derecha llega al poder, Chile habrá sucumbido nuevamente a la dictadura, esta vez del capitalismo caprichoso y voraz que tiene sus propias necesidades como único norte, pudiendo afanarse en consolidar el control total de la vida de los Chilenos, y postergando de manera indefinida la posibilidad que creímos vislumbrar de un país diverso, democrático, plural, respetuoso de las ideas de todos, consciente de los derechos de las minorías y, lo que es más importante, la idea de un país que trabaja en pos de la justicia social, incluso a costa de menor crecimiento económico.
Nuestro único resguardo frente a esta terrorífica perspectiva es la deteriorada Concertación, que debe no sólo renovarse y conseguir un segundo y un tercer aire, sino que, aprendiendo de los errores cometidos, debe depurar sus cúpulas de poder y reemplazarlas por aquellos hombres y mujeres extraordinarios que sí hacen su trabajo y quieren lo mejor para Chile, y que tantos avances indiscutibles ya han logrado.
La Concertación es el baluarte que encontramos para no ser aniquilados por el materialismo, la avaricia y la concentración económica extrema. Para poder tener crecimiento económico e inteligente, pero siempre con marcado acento en las políticas sociales, justicia, educación, salud y miles de tareas pendientes que tenemos con quienes menos o nada tienen.
Concertación con parches, con tirones de oreja y que recoja el descontento y el reproche social marcado por el fenómeno de Marco Enríquez; pero es la única salida para que Chile continúe creciendo en armonía y no termine de ser capturado por el dinero, dios aciago que engulle vidas, sueños y esperanzas. Concertación libre de corrupción y con una grandísima reforma macroeconómica, única esperanza para las pymes y la enorme y postergada clase media.
No nos dejemos engañar por el lenguaje relamido y supuestamente cariñoso del gran especulador, que ahora quiere a Chile para su propio disfrute, y para seguir entregando beneficios, ahora sin control de ningún tipo, a los más poderosos. Sus asesores, vicarios del poder económico, son la más nítida muestra de lo que podría ser un gobierno de este multimillonario deshonesto, megalómano y de un cinismo a toda prueba.
No nos dejemos engañar ni asistamos impávidos a la captura de Chile. Nuestro país ya cambió, como no lo hacía hace cientos de años, gracias a la Concertación. Ahora es nuestro deber exigirle que corrija los errores y consolide el avance hacia el desarrollo igualitario.
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the garage band co se reune en casa de @chalobd y @marianotacchi…


