Yo Acuso!

La sociedad chilena está estancada, estática, asistiendo a un show político de baja calidad en una carrera presidencial en la que se pretende separar a los chilenos entre los que quieren que la Concertación continúe al mando del país y los que quieren un “cambio” que no tiene sustancia ni contenido alguno. Pero la gente no hace nada; mira con desconsuelo y algo de temor por un lado y otro, esperando que ojalá lo que pase sea lo mejor…

Es cierto que todos (o la gran mayoría) estamos muy decepcionados de la clase política en general, que no sólo deja cada día más al descubierto su ineptitud, sino que además -de derechas y de izquierdas- se aferran a sus puestos como garrapatas para seguir haciendo poco y ganando bastante. Eso no es política y no eso lo que los chilenos queremos de nuestos dirigentes ejecutivos, legislativos, ni menos de nuestros jueces.

Lamentablemente, la gente que sí trabaja y hace bien su pega por regla general no aparece en los medios de comunicación ni obtiene importantes puestos en el gobierno, en el congreso o en el poder judicial. Sostengo que ellos aún hacen mayoría, pero también se encuentran en posición de espectadores anonadados y no en una rebelión contra los otros que entorpecen su trabajo y el desarrollo del país, como sería de esperar.

Los poderes del estado están infiltrados por los grandes actores económicos y financiados los distintos partidos políticos, por cierto, por los mismos, quienen reparten generosas dosis de dinero u otros beneficios a ambos bandos, pues es importante para ellos tener alineados a grupos que puedan conformar mayorías para aprobar tal o cual proyecto de ley, o generar convicción en el ejecutivo para lograr algún resultado importante para sus fines empresariales.

Y nadie parece darse cuenta. Y a nadie parece importarle.

Los medios de comunicación, controlados por la derecha económica empresarial no vacilan en ejercer una especie de terrorismo mediático, informando verdades parciales, confundiendo o simplemente omitiendo las cosas que serían relevantes para la sociedad y muchas veces ciertamente peligrosas para los fines del empresariado, del candidato de la derecha y de otros grupos de poder, incluídos algunos importantes países extranjeros.

Por otro lado, los medios no vacilan en brindar a la gente formas de entretención burdas y alienantes, en las que puedan olvidar o al menos aminorar la dureza de la vida cotidiana que vive la grandísima mayoría de los ciudadanos chilenos. El pan y circo que recibimos todos los días en televisión y periódicos con naturalidad mantiene a los chilenos hipnotizados, atraídos ante fenómenos y situaciones secundarias -cuando no vergonzosas-, cumpliendo excelentemente la misión de aniquilar la crítica, el pensamiento creativo, la disidencia o la molestia y amargura frente a la realidad.

El poder económico empresarial, que en la práctica orienta a nuestros legisladores, se esmera en pautear al ejecutivo e intenta controlar a la justicia, domina además completamente la información que podemos recibir diariamente. Dicho de otro modo, la captura que la derecha ha ido consolidado de todos los medios de ejercicio del poder y la información es casi completa. Y ahora vienen por más.

La iglesia, para variar, hace lo suyo formando legiones de conservadores y odiadores de la diversidad, la pluralidad y la tolerancia. Está en todas partes, y especialmente sobre las cabezas y las consciencias de los dirigentes políticos de derecha y de los grandes conglomerados económicos. Su poder se extiende cada vez más, y asimismo sus ansias de hacer que Chile retroceda en la libertad de culto, de expresión y de libertad que hemos conquistado. La unión entre poder económico extremo e iglesia siempre ha traído resultados desastrosos para los despojados de siempre.

Si el candidato de la derecha llega al poder, Chile habrá sucumbido nuevamente a la dictadura, esta vez del capitalismo caprichoso y voraz que tiene sus propias necesidades como único norte, pudiendo afanarse en consolidar el control total de la vida de los Chilenos, y postergando de manera indefinida la posibilidad que creímos vislumbrar de un país diverso, democrático, plural, respetuoso de las ideas de todos, consciente de los derechos de las minorías y, lo que es más importante, la idea de un país que trabaja en pos de la justicia social, incluso a costa de menor crecimiento económico.

Nuestro único resguardo frente a esta terrorífica perspectiva es la deteriorada Concertación, que debe no sólo renovarse y conseguir un segundo y un tercer aire, sino que, aprendiendo de los errores cometidos, debe depurar sus cúpulas de poder y reemplazarlas por aquellos hombres y mujeres extraordinarios que sí hacen su trabajo y quieren lo mejor para Chile, y que tantos avances indiscutibles ya han logrado.

La Concertación es el baluarte que encontramos para no ser aniquilados por el materialismo, la avaricia y la concentración económica extrema. Para poder tener crecimiento económico e inteligente, pero siempre con marcado acento en las políticas sociales, justicia, educación, salud y miles de tareas pendientes que tenemos con quienes menos o nada tienen.

Concertación con parches, con tirones de oreja y que recoja el descontento y el reproche social marcado por el fenómeno de Marco Enríquez; pero es la única salida para que Chile continúe creciendo en armonía y no termine de ser capturado por el dinero, dios aciago que engulle vidas, sueños y esperanzas. Concertación libre de corrupción y con una grandísima reforma macroeconómica, única esperanza para las pymes y la enorme y postergada clase media.

No nos dejemos engañar por el lenguaje relamido y supuestamente cariñoso del gran especulador, que ahora quiere a Chile para su propio disfrute, y para seguir entregando beneficios, ahora sin control de ningún tipo, a los más poderosos. Sus asesores, vicarios del poder económico, son la más nítida muestra de lo que podría ser un gobierno de este multimillonario deshonesto, megalómano y de un cinismo a toda prueba.

No nos dejemos engañar ni asistamos impávidos a la captura de Chile. Nuestro país ya cambió, como no lo hacía hace cientos de años, gracias a la Concertación. Ahora es nuestro deber exigirle que corrija los errores y consolide el avance hacia el desarrollo igualitario.

posted 2 years ago